Nuestro cerebro es una magnífica máquina que nos ayuda, sin lugar a dudas, a reducir la incertidumbre de nuestro entorno. Las rutinas nos dan tranquilidad y nos permiten, incluso, ser más eficientes en determinadas ocasiones. Por ejemplo, tenemos tan asumido el proceso de levantarnos, ducharnos, desayunar, lavarnos los dientes, etc., que mientras los hacemos, somos capaces de organizar mentalmente las tareas que vamos a hacer a lo largo de la mañana o, incluso, del día.
Nuestro cerebro conoce y asume las circunstancias con las que nos vamos encontrando a lo largo del día, predice constantemente lo que va a suceder y, en la medida en la que esto sucede, nuestra tranquilidad y serenidad es mayor. Pero... qué pasa por nuestra cabeza cuando, al llegar a casa, metemos la llave en la cerradura para abrir la puerta y... ésta está rota; empujamos la puerta, le damos al interruptor, pero la luz no se enciende y, de repente, ¡escuchamos un ruido! Pues bien, nuestro cerebro pone en acción las denomidas funciones ejecutivas, de tal forma que, es capaz de establecer soluciones a un problema novedoso llevando a cabo predicciones de las consecuencias a las que le puede llevar cada una de las soluciones imaginadas.
Y...¿qué ocurre cuando realizamos predicciones sobre las conductas, los pensamientos, las creencias o las intenciones de otros? El concepto "Teoría de la Mente" se refiere a la capacidad de predecir conductas, pensamientos, creencias e intenciones en los demás. Es decir, es la capacidad que tenemos para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias.
Barón-Cohen y Leslie han centrado sus investigaciones en el autismo. Según estos autores, estos niños tienen graves problemas para teorizar acerca de la mente de los demás. De este modo, los niños que pertenecen al grupo "Espectro Autista" desarrollan una alteración específica del mecanismo cognitivo necesario para representar estados mentales. Pero como ocurre siempre que nos referimos a funciones cognitivas de alto nivel o metacogniciones, NO resulta adecuado plantear que los niños autistas, con síndrome de Asperger, etc. No tienen ninguna Teoría de la Mente y que, por el contrario, nosotros tenemos ‘toda la Teoría de la Mente’. Como bien sabemos nuestro cerebro dispone de una gran plasticidad y, como todo en esta vida, se puede trabajar, desarrollar y mejorar. Por ello y para ello os dejo el enlace a una serie de actividades elaboradas por nuestros compañeros de ARASSAC que nos pueden ser de gran utilidad para favorecer el desarrollo de estas habilidades en niños con estas carencias o, incluso, con aquellos que muestran, simplemente, escasas habilidades sociales.
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